jueves, 22 de septiembre de 2016

Magdalenas altas en proteínas

Ingredientes:

1 taza de leche
2 tazas de avena
4 cucharadas de Cola Cao ligh
3 yemas de huevo
6 claras de huevo
1 sobre de levadura

Modo de hacerlo:
Echar en un bol la taza de leche y las dos tazas de avena, con las cuatro cucharadas de Cola Cao. Dejar remojar unos treinta minutos.
Batir seis claras de huevo a punto de nieve y añadir las yemas y la levadura.
Mezclar todo.
Rellenar los moldes de magdalenas.
Calentar el horno a 200º C e introducir los moldes cuando esté caliente.
Dejar hornear unos quince minutos. Pinchar con un palillo para ver si están cocidas. Cada horno es un mundo.

martes, 13 de septiembre de 2016

Torta Universo

Ingredientes:

3 huevos
150 gramos de harina de avena
10 gramos de stevia
1 cucharada de levadura en polvo
50 mililitros de leche desnatada
1 cucharada de esencia de vainilla
Chocolate derretido
Chocolate en virutas
Nata

Modo de hacerlo:
Batimos 3 huevos con el azúcar, la esencia de vainilla y la leche.
Una vez bien revuelto el conjunto añadimos poco a poco la harina de avena con la levadura hasta que quede bien integrada.
Precalentamos el horno a 175º C.
Engrasamos un molde, vertemos la mezcla y la llevamos al horno precalentado durante unos 20 minutos.

Desmoldamos, pincelamos con chocolate derretido y decoramos con nata (que habremos montado previamente).
Yo, en este caso, he decidido crear este universo de estrellas.
¡Buen provecho!

martes, 6 de septiembre de 2016

Quinoa con calabacín y queso

Nuestro amigo Miguel Ángel Pérez es pionero en la investigación y la plantación de quinoa en Aragón. Trabaja sobre el cultivo de esta planta en los campos de El Pobo. La quinoa posee los ocho aminoácidos esenciales que necesita el ser humano. Posee un equilibrio excepcional de proteínas, grasas y carbohidratos. Pueden consumirla los diabéticos y no tiene gluten, por lo cual también es un alimento altamente interesante para los celiacos.
El cultivo de quinoa se desarrolla en particular en los Andes bolivianos, ecuatorianos, peruanos y colombianos a una altura en torno a los 4000 metros de altitud y en el centro sur de Chile al nivel del mar, por lo que las particularidades de su cultivo llevó a Miguel Ángel Pérez a experimentarlo en tierras turolenses.
Continuaremos con un estudio más exhausto de la quinoa en otras entradas al blog.
El plato que presento hoy es muy sencillo y el resultado es muy agradable al estómago y al paladar.

Ingredientes:

Quinoa
Calabacín
Queso light
Agua
Sal
Aceite de oliva del Bajo Aragón

Modo de hacerlo:
Colocar las semillas de quinoa en un colador bajo el chorro del agua, durante dos o tres minutos, para eliminar el sabor amargo.
Para cocinarla utilizaremos una medida de quinoa por dos de agua o caldo. La cubriremos del líquido elegido y dejamos hervir hasta que el líquido se haya evaporado.
Si la cocemos con agua, añadir un poco de sal.
Antes de proceder a la cocción la saltearemos en una sartén con un par de cucharadas de aceite hasta que adquiera un tono dorado.
Una vez cocida la quinoa y, mientras reposa, cortamos un calabacín en dados y salteamos en una sartén con aceite de oliva.
Una vez sofrito el calabacín añadiremos la quinoa y removeremos bien el contenido de la sartén.
Lo pasamos a un plato hondo y añadimos al conjunto unos cubos de queso Light.
Se toma como ensalada, como primer plato,….

miércoles, 31 de agosto de 2016

Mini bizcochos de plátano

Consumir cocina fitness es una aptitud ante la vida, dirigida a mantener una salud y una capacidad esencial del estado físico de la persona. En castellano fitness podría ser, aunque las traducciones son muy indefinidas, sinónimo de comer bien, comer saludablemente y realizar recetas sanas.
Con la receta de hoy comienzo una nueva andadura dirigida a dar a conocer platos de cocina saludable y adecuados al desarrollo físico de las personas.

Ingredientes:

3 plátanos
2 huevos
125 gramos de harina de avena
1 cucharadita de levadura en polvo
Pepitas de chocolate

Modo de hacerlo:
Mezclamos en la batidora dos plátanos y medio (reservando la mitad del sobrante) con los huevos, la harina y la levadura.
Engrasamos un molde de silicona para bizcochos individuales (12 unidades), vertemos la mezcla en ellos y cortamos la mitad del plátano reservado, colocando una rodaja en cada bizcocho.
Añadimos una pepitas de chocolate.

Precalentamos el horno a 180 grados e introducimos el molde durante unos 15 minutos.
En este caso he utilizado harina de avena Bombón Rocher. En el caso de que utilicéis harina sin sabor podéis añadir dos cucharaditas de Stevia (edulcorante).

miércoles, 17 de agosto de 2016

Semana Cultural en Allepuz

Los actos comienzan a las 10:30 con la elaboración de la comida por parte de los cocinillas. A las 13:00 tendrá lugar la charla debate y a las 14:00 se servirá la comida a todos los comensales. Estáis invitados.

jueves, 11 de agosto de 2016

Alboronía con jamón de Teruel

Se supone que el término alboronía procede del árabe “buraniyya” (guiso) y que su pronunciación es más o menos “boronía” o “moronía”, aunque también es conocido como “almoronía” y “alboranía”.
Se trata de un plato de origen árabe y del que se deleitaban los españoles en el Siglo de Oro, sobre todo en las cuaresmas.
Como todos los platos de hogares humildes, se elabora con lo que haya en la dispensa. Es necesario aclarar, también, que dos de sus ingredientes principales no aparecen por España hasta una vez descubierta América, pues los tomates y los pimientos procedieron de aquellas tierras y su uso se fomentó culinariamente en el siglo XVI. Por lo tanto, tomates y pimientos quedan descartados en la cocina árabe anterior a estos tiempos. También es necesario reseñar que la alboronía es uno de los platos en los que la berenjena llena su impronta y, aunque considerada insana en el Siglo de Oro, es un alimento corriente en la época.
En 1726 el Diccionario de la Real Academia describe la alboronía como “un género de guisado, que se hace de berenjenas, tomates, calabaza y pimiento, todo mezclado y picado, que regularmente sirve para los días en que se prohíbe comer carne. En algunas partes pronuncian Boronía y Moronía, y en otra Almoronía: de cualquier manera es voz árabe”. Esta definición permanece en el tiempo.
En 1895 el Diccionario de Elías Zerolo nos da a conocer que el vocablo albaronía procede de Borán, esposa del califa Almamún, al tiempo que explica que se trata de un “Guisado de berenjenas, tomates, calabaza y pimiento, todo mezclado y picado”. Al Burán, en los esponsales con su marido Absida al Mamún, citada en Las Mil y una Noches, da nombre a este guiso compuesto, suponemos, en aquella época, por berenjenas, cebolla, calabaza, ajos y frutos secos triturados (almendras, avellanas, nueces,…).
Algunos autores destacan que la alboronía es la madre de todos los pistos: la xanfaifa catalana, los pistos manchego, bilbaíno o madrileño y nuestra popular fritada aragonesa (fritanga en la parte sur de la provincia de Teruel).
 
La alboronía en la literatura

La lozana andaluza[1] sabe cocinar de maravilla, como nos cuenta Francisco Delicado la obra en la que nos narra su vida:
“Pues boronía ¿no sabía hacer?: ¡por maravilla! Y cazuela de berenjenas mojíes en perfición, cazuela con su ajico y cominico, y saborcico de vinagre, ésta hacía yo sin que me la vezasen.”

En la “Comedia famosa intitulada La gran sultana doña Catalina de Oviedo”[2], Cervantes cita en dos ocasiones la boronía. En una de ellas se “envenena”, irónicamente, una boronía que ha de ser consumida por moriscos:
“Madrigal -  ¡Vive Roque, canalla barretina, 
que no habéis de gozar de la cazuela, 
llena de boronía y caldo prieto! 
Andrea - ¿Con quién las has, cristiano? 
Madrigal - No con naide. 
¿No escucháis la bolina y la algazara 
que suena dentro desta casa?
(…)
Andrea - Di: ¿por qué te maldicen estos tristes? 
Madrigal - Entré sin que me viesen en su casa, 
y en una gran cazuela que tenían 
de un guisado que llaman boronía, 
les eché de tocino un gran pedazo. 
Andrea - Pues, ¿quién te lo dio a ti? 
Madrigal - Ciertos jenízaros 
mataron en el monte el otro día 
un puerco jabalí, que le vendieron 
a los cristianos de Mamud Arráez, 
de los cuales compré de la papada 
lo que está en la cazuela sepultado 
para dar sepultura a estos malditos, 
con quien tengo rencor y mal talante; 
a quien el diablo pape, engulla y sorba”.

Francisco Alvarado[3] también cita la boronía, haciendo un puchero con berenjenas y a falta de otros ingredientes:
“No nos faltarán berenjenas para poner un pucherito, aunque no haya para hacer una boronía”.

Juan Valera, en “Doña Luz”[4] nos habla de alboronías:
“¡Qué pavos rellenos, qué tortas maimones, y qué deliciosas alboronías, picantes salmorejos…”

También se hace alboronía en Sudamérica, como nos recuerda Gabriel García Márquez en su obra “El general en su laberinto”[5]:
“Cuando el general abrió los ojos se dio cuenta de que el reloj seguía en la una y siete. José Palacios le dio cuerda, lo puso de memoria, y enseguida confirmó que era la hora correcta en sus dos relojes de leontina. Poco después entró Fernanda Barriga y trató de hacerle comer al general un plato de alboronía”.
Aunque en este caso la alboronía de Colombia es una fritada de plátano, berenjena, calabaza y tomates, todo ello picado y revuelto.

La alboronía que he preparado no es un plato de cuaresma, pues lleva como adición unos buenos tacos de jamón de Teruel (lo cual fortalece el plato y lo hace digno de ser conocido más allá de los tiempos dedicados a la colación de verduras, legumbres y pescados), además añadimos unos garbanzos para hacerla más contundente y, en vez de berenjena, se añade calabacín, mucho más al gusto de nuestra casa.
 
Ingredientes:

Garbanzos
Calabacín
Jamón de Teruel
Tomates maduros
Pimiento rojo
Pimiento verde
Cebolla
Ajos
Laurel
Huevos duros
Aceite de oliva del Bajo Aragón
Pimentón dulce
Sal

Modo de hacerlo:
He utilizado garbanzos ya preparados. En el caso de que los tengáis secos, ponerlos a remojar, el día anterior, en agua con sal. Al día siguiente se ponen a cocer en una olla cubiertos de agua, con una hoja de laurel y un chorrito de aceite por encima. Alrededor de dos horas con fuego bajo cuando comiencen e hervir.
Cortamos la cebolla en cuadraditos.
Laminamos los ajos.
Cortamos los pimientos también en cuadraditos.
Limpiamos y cortamos el calabacín a lo largo en cuatro trozos, quitamos las semillas y cortamos en cuadrados.
Cortamos el jamón de Teruel en cuadrados pequeños.
Colocamos una sartén al fuego con aceite de oliva del Bajo Aragón y añadimos la cebolla. Echamos sal cuando comience a refreírse. Añadimos los ajos laminados.
Cuando está a medio hacer, añadimos los pimientos rojos y verdes. Al cabo de un rato los trozos de calabacín y, a continuación, los trozos de jamón.
Dejamos sofreír un rato el conjunto y añadimos los garbanzos con un poco de caldo de cocción de los mismos.
Se cuece todo junto a fuego medio unos diez minutos.
Colocamos en los platos pertinentes y adornamos con los huevos duros.

[1] Francisco Delicado, “Retrato de la Loçana andaluza, en lengua española muy claríssima. Compuesto en Roma. El cual Retrato demuestra lo que en Roma passaua y contiene munchas más cosas que la Celestina”. Venecia, 1528.
[2] Miguel de Cervantes Saavedra, “Comedia famosa intitulada La gran sultana doña Catalina de Oviedo”, dentro de las “Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados”. Madrid, Viuda de Alonso Martín, 1615.
[3] Francisco Alvarado, “La maza de Fraga sobre los filosofastros liberales del día o Cartas Críticas del Filósofo Rancio, que impugna a la antigua y no a la francesa, los aplaudidos dictámenes de los más acreditados liberales reunidos en Cádiz”. Madrid, Imprenta de Don Francisco de la Parte, 1812.
[4] Juan Valera, “Doña Luz”, Madrid, M. Tello, 1879.
[5] Gabriel García Márquez, “El general en su laberinto”. Colombia, Alfred A. Knopf, 1989.

lunes, 8 de agosto de 2016

Tarta de obleas con crema de cacao

Sencillo y sabroso.

Ingredientes:

Obleas
Crema de cacao

Modo de hacerlo:
Las obleas las podéis encontrar en cualquier super. Yo siempre me inclino por unas de Salamanca (no podemos hacer “publi”).
En un plato llano ponemos una oblea y las cubrimos con crema de cacao. Colocamos otra oblea encima y la volvemos a cubrir, y, así, sucesivamente hasta alcanzar el grosor que deseéis.
Yo, al finalizar, derretí un poco de chocolate blanco y confeccioné en un molde estas margaritas.
Podéis hacer también raciones individuales usando obleas para helado.

sábado, 2 de julio de 2016

Ensalada de Teruel

El año pasado ya hice una entrada en el Blog con el título de Ensalada Aragonesa. Pues bien, son casi iguales salvo las guarniciones. La nuestra es más sencilla.

Ingredientes:

Patatas
Tomates
Huevos duros
Cebolla
Pepino
Aceite de oliva del Bajo Aragón
Perejil
Ajo
Olivas verdes
Olivas negras
Modo de hacerlo:
Pelar, lavar y cortar las patatas en cachos medianos.
Echar las patatas cortadas en un cazo, cubrirlas de agua y ponerlas a cocer. Cuando comiencen a hervir añadir un pelin de sal, bajar el fuego y dejarlas cocer unos 15 minutos.
Mientras tanto colocar un cazo al fuego con agua y, cuando llegue a ebullición, echar dos nuevos. Girarlos suavemente sobre la cazuela y dejarlos cocer unos 15 minutos. Pasado este tiempo, apagar el fuego.
Mientras las patatas y los huevos se cuecen, cortar la cebolla en cuadraditos, pelar el pepino y cortarlo en rodajas, cortar los tomates en gajos finos. Reservar.
Picar los dientes de ajo (según el gusto), picar el perejil, echar todo en un bol y añadir aceite de oliva del Bajo Aragón. Mezclar bien.
Una vez cocidos los huevos echarlos en un colador y bañarlos con agua fría un buen rato. Quitarles la cáscara, cortarlos en seis trozos y reservar.
Ya cocidas las patatas echarlas en un colador, bañarlas con agua fría, para que no se peguen, y echarlas en un bol. Añadir los trozos de cebolla, los de pepino, los de tomate y las olivas. Mezclar bien. Añadir los trozos de huevo duro y bañar con la mezcla de aceite, ajo y perejil.
Volver a mezcla re introducir el bol en el frigorífico hasta la hora de servir.
A este plato también se le puede añadir pimiento verde o rojo cortado en cuadraditos y atún o caballa de lata, desmenuzados.

miércoles, 15 de junio de 2016

Pestiños

En 1803 la RAE define por primera vez al pestiño, y define también al prestiño. Ambas palabras especifican al mismo alimento, pero cada una con sus acepciones diferenciadas. Sobre el pestiño dice que se trata de “cierta fruta de sartén que se compone de harina muy fina amasada con huevos; y cortadita en pedacitos se fríe con aceite, y después que está bien tostada se baña con miel clarificada y subida de punto”. Esta definición no cambia a lo largo del tiempo. Aunque la definición del pestiño dado por el Diccionario Usual indica que se elabora con huevos, en realidad desde siempre se ha tratado de un producto en el que los huevos no intervienen en la elaboración del mismo. En cuanto al prestiño lo define como “cierta especie de fruta de sartén, que se hace de masa de harina, huevos y canela, de la cual se forman unos rollitos de la hechura de piñones, los cuales se fríen en manteca, o aceite, y luego se le echa miel muy espumada y puesta en mucho punto, y se van formando unos montoncillos en figura de piñas, u otras cosas”. En fin, masa de harina, huevos, aceite o manteca y miel. En realidad, esta masa es la que se realizaba en tiempos de Cervantes para hacer las hojuelas. Nuestros pestiños no llevan huevos. Y llevan manteca, por lo cual los consideramos una fruta de sartén de cristianos viejos.
En “La lozana andaluza” (1528), obra de José Delicado, la protagonista, Aldonza, nos da a conocer platos de la época: “¿Yo, señora? Pues más parezco a mi abuela que a mi señora madre, y por amor de mi abuela me llamaron a mí Aldonza, y si esta mi abuela vivía, sabía yo más que no sé, que ella me mostró guisar, que en su poder aprendí hacer fideos empanadillas, alcuzcuz con garbanzos, arroz entero, seco, graso, albondiguillas redondas y apretadas con culantro verde, que se conocían las que yo hacía entre ciento. Mirá, señora tía, que su padre de mi padre decía: «¡Éstas son de mano de mi hija Aldonza!» Pues, ¿adobado no hacía? Sobre que cuantos traperos había en la cal de la Heria querían probarlo, y máxime cuando era un buen pecho de carnero. Y ¡qué miel! Pensá, señora, que la teníamos de Adamuz, y zafrán de Peñafiel, y lo mejor del Andalucía venía en casa de esta mi abuela. Sabía hacer hojuelas, prestiños, rosquillas de alfajor, testones de cañamones y de ajonjolí, nuégados, sopaipas, hojaldres, hormigos torcidos con aceite, talvinas, zahínas y nabos sin tocino y con comino; col murciana con alcaravea, y «olla reposada no la comía tal ninguna barba». Pues boronía ¿no sabía hacer?: ¡por maravilla! Y cazuela de berenjenas mojíes en perfección; cazuela con su ajico y cominico, y saborcico de vinagre, esta hacía yo sin que me la vezasen. Rellenos, cuajarejos de cabritos, pepitorias y cabrito apedreado con limón ceutí. Y cazuelas de pescado cecial con oruga, y cazuelas moriscas por maravilla, y de otros pescados que serían luengo de contar. Letuarios de arrope para en casa, y con miel para presentar, como eran de membrillos, de cantueso, de uvas, de berenjenas, de nueces y de la flor del nogal, para tiempo de peste; de orégano y de hierbabuena, para quien pierde el apetito. Pues ¿ollas en tiempo de ayuno? Estas y las otras ponía yo tanta hemencia en ellas, que sobrepujaba a Platina, De voluptatibus, y a Apicio Romano, De re coquinaria, y decía esta madre de mi madre: “Hija Aldonza, la olla sin cebolla es boda sin tamborín”.
En el capítulo 3 de la obra “Doña Luz” (1879), de Juan Valera, D. Acisclo paga la cena de los cuarenta y cinco ganapanes tras la procesión del Jueves Santo: “daba de cenar a todos los cofrades, que eran muchos, agasajándolos y hartándolos con potaje de habas, cornetillas picantes, cazón en ajo de pollo, bacalao con tomates o en albóndigas, a veces hasta serafines fritos, pues, aunque parezca extraño, serafines se llaman en aquel país los boquerones, y de postres deliciosos pestiños y vino añejo”.

Ingredientes:

300 gramos de harina
25 gramos de manteca de cerdo
25 gramos de mantequilla
70 mililitros de agua
35 mililitros de vino blanco
Una pizca de sal
Aceite de oliva del Bajo Aragón
Para el baño:
Miel
Agua
Anís
Azúcar glass
Modo de hacerlo:
Colocar un cazo al fuego con el agua, el vino, la mantequilla y la manteca. Calentar a fuego medio sin que llegue a hervir.
Mezclar la harina con una pizca de sal.
Cuando el contenido se haya fundido, verter la harina.
Retirar el cazo del fuego y mezclar bien los ingredientes con una cuchara de madera hasta que quede una masa que se pueda trabajar.
Una vez hecha la masa, hacer una bola con ella, colocarla en un cuenco con film transparente y dejarla reposar en el frigorífico unas dos horas.
Espolvorear harina sobre una tabla de madera con un poco de harina. Estirar la masa ayudándonos de un rodillo dejándola muy fina.
Cortar cuadrados o rectángulos de la masa. Una vez cortados, doblar dos d elas esquinas hacia el centro de la masa.
Mojamos un dedo en agua para sellar con él el punto de unión de los pestiños.
Colocar una sartén al fuego con aceite de oliva del Bajo Aragón. Ir echando los pestiños por tandas para freírlos. A medido que se pongan dorados colocarlos en un plato cubierto por papel absorbente.
Cuando todos los pestiños estén hechos, reservar.

Colocar un cazo al fuego con la miel, que se aligerará con un poco de agua y un chorritón de anís (esto es opcional).
Cuando empiece a hervir bajar el fuego y reducir unos minutos hasta obtener un jarabe ligero.
Bañar los pestiños en el almíbar y colocarlos sobre una rejilla para que escurran.

Finalmente, espolvorearlos con azúcar.

lunes, 13 de junio de 2016

Menestra con jamón de Teruel

Plato antiguo que se servía en las mesas de los Gobiernos y a las clases humildes en las Porterías.
Nos dice Covarrubias, en su obra “Tesoro de la Lengua Castellana” (1611) que menestra “es vocablo Italiano introducido en España. Significa un guisado, que ni es sólido, como lo asado, ni líquido, como el potaje. Díjole ministrando, porque se sirve en la mesa”.
El Diccionario de Autoridades de 1734 así lo refrenda: “Cierto género de guisado o pataje, hecho con diferentes hierbas o legumbres. Es tomado del italiano Minestra”.

Ingredientes:

Alcachofas limpias cortadas en cuartos
Espárragos
Zanahorias peladas y cortadas en cuadraditos
Habas
Judías verdes limpias y cortadas en trozos regulares
Guisantes
Patatas peladas, lavadas y cortadas en cuadraditos
Jamón de Teruel cortado en tacos regulares (de un centímetro de lado)
Aceite de oliva del Bajo Aragón
Cebollas
Ajos
Tomate frito
Un par de huevos duros
Perejil

Modo de hacerlo:
Picar las cebollas y los ajos. Reservar.
Se cuecen por separado las alcachofas, los espárragos, las zanahorias, las habas, las judías verdes, los guisantes y unas patatas cortadas en cuadraditos.
También pueden añadirse cuadraditos de nabos, pero cada día está más difícil conseguirlos.
Echar todas las cazuelas cocidas y escurridas en una cazuela de barro (también puede hacerse sobre una sartén amplia y luego pasarlas a una cazuela de barro, una vez echemos el contenido de la otra sartén). Reservar.
Colocar una sartén al fuego con aceite de oliva del Bajo Aragón y añadir las cebollas y los ajos picados.
Añadir los cuadraditos de jamón, dar dos vueltas y echar una cucharada de tomate frito.
Echar el contenido de la sartén en la cazuela en la que se encuentran las verduras.
Espolvorear con perejil.
Mover la cazuela con las manos, no utilizando materiales que puedan deshacer los alimentos.
Se coloca al fuego, se les dan unos meneos para que se mezclen los alimentos y se sirven adornados por unos cuartos de huevos duros.