jueves, 9 de mayo de 2013

Cagurrias rellenas de paté de gamo de los Montes Universales


Cagurria es el nombre que damos en los Montes Universales a la colmenilla o cagarria castellana, morrongla en Aragón, múrgula valenciana y catalana o carraspina en euskera.
Aparece en nuestros montes en los meses de abril y mayo, en bosques de coníferas y suelos calcáreos, en los bordes de caminos, en espacios abiertos, en tierras removidas,…
Son varias las clases de cagurrias que existen en la Sierra: la Morchela deliciosa, la Morchela conica, la Morchela rotunda y la Morchela eximia.


Nos recuerda la llegada de la primavera, y su aparición es posterior a la de la seta marcera.
Como nos hemos hecho con algunos ejemplares he decidido prepararlas con un relleno de paté de gamo de los Montes Universales de la empresa Mayta y Edulis, establecida en Guadalaviar.
Los ingredientes utilizados están presentes, pues, en los Montes Universales.

Ingredientes:

Cagurrias
Paté de gamo
Harina
Aceite
Huevos
Agua
Sal

Modo de hacerlo:
Limpiar bien las cagurrias, pues entre sus pliegues suelen contener arena y polvo (yo lo hago con un cepillo y agua).
Poner a calentar agua en una olla y, cuando comience a hervir, añadir las cagurrias. Dejarlas cocer alrededor de quince minutos.
Una vez cocidas, se sacan y se colocan en un colador, para que suelten el agua y se enfríen.
Abrimos la lata de paté y, utilizando una jeringa o una manga pastelera, rellenamos las cagurrias con el paté.
Una vez rellenas las pasamos por harina y huevo.
En una sartén con aceite bien caliente se van echando las cagurrias para que se frían, hasta que queden consistentes, sin pasarse.
Las servimos inmediatamente.
Otro plato con sabor a primavera en nuestros Montes.

martes, 23 de abril de 2013

Tortilla de espárragos de arroyo


Los espárragos de lúpulo, o espárragos de arroyo, son muy buscados en los Montes Universales siendo, también, muy abundantes en el Bajo Aragón.
Su sabor es mucho más suave y dulce que el de los brotes tiernos de la Tuca, también buscada en las primaveras turolenses. Algunas personas nos informan de que las infusiones de sus flores producen un efecto sedante en el organismo, siendo recomendable tomarse la infusión antes de dormir.

Hace una semana encontramos brotes tiernos de estos espárragos en un paraje cerca de Teruel. Y, con ellos, hemos elaborado dos tortillas, una de éstas simplemente de huevos con espárragos y la otra con espárragos y ajetes tiernos. El sabor de la primavera ha impregnado nuestros paladares, devolviéndonos a la infancia de los Montes Universales.

Ingredientes:

Un manojo de espárragos silvestres, o de arroyo
Huevos
Aceite de oliva del Bajo Aragón
Sal
Optativo: un manojo de ajetes tiernos

Modo de hacerlo:
Lavar y limpiar los espárragos. Cortarlos en trozos.
Poner una sartén al fuego con aceite y, cuando esté caliente, añadir los espárragos silvestres. Dejar freír y, a mitad de fritura, añadir los ajos tiernos finamente cortados.
Batir en un bol unos cuantos huevos (yo he hecho cinco).
Añadir, una vez fritos, los espárragos y los ajos al bol, mezclándolos con los huevos batidos.
Colocar de nuevo la sartén al fuego y volcar el contenido del bol cuando el aceite esté caliente.
Dar la vuelta a la tortilla utilizando un plato hondo o cualquier otro artilugio que uséis comúnmente.
Una vez cuajada, la tortilla, servir.
Esta entrada se la dedico a Wivith y a Sefa que siempre están a mi lado. Que la primavera os sea propicia y también el resto del año.

sábado, 30 de marzo de 2013

Marceras en su jugo con huevos escalfados

La marcera (Hygrophorus Marzuolus), también denominada seta de ardilla o seta de marzo en castellano, Bolet d´esquirol  en catalán y Martxoco ezko  en euskera, es la primera seta de primavera o la última de invierno. Esta especie es conocida comúnmente como “seta de ardillas” al ser uno de los pocos comestibles para los animales que habitan el bosque por la época en la que aparece, representando un manjar para ellos. Por ello sería aconsejable que los recolectores fueran provistos de bellotas, nueces y algún mendrudo de pan (para evitar remordimientos). Suele aparecer por encima de los mil metros, casi siempre asociada a bosques de coníferas (pino silvestre, abeto, enebro,...) generalmente formando grupos, semiocultas en la hojarasca, en vaguadas, junto a arroyos, y después del deshielo sobre un suelo recién liberado de su capa de nieve.
Es un excelente comestible, adecuado para guisos con carne o pescado, de débil olor y sabor, por lo que ha de cocinarse con procedimientos poco agresivos, para no enmascarar su delicado sabor.

Ingredientes:

250 gramos de marceras
4 huevos
2 dientes de ajo
1 ramillete de perejil fresco
Aceite de oliva (menor de 1 grado)
Sal

Modo de hacerlo:

Limpia las setas y córtalas en gajos, conservando la mayor parte de su pie. Pocha los gajos en una sartén con un poco de aceite a fuego lento. Poco a poco irán soltando su jugo.
Para terminar de pochar sube un poco el fuego, da la vuelta a los gajos y sala ligeramente.
Reserva en lugar caliente.
Escalfa los huevos en agua hirviendo con un chorrito de aceite que hará que se recoja la clara. Para presentar el plato haz un lecho con las setas, coloca sobre él los huevos, espolvorea con perejil picado y añade un poco de ajo picado ligeramente dorado en aceite de oliva.

domingo, 24 de febrero de 2013

Salpicón de Alonso Quijano


De los restos de la olla podrida hemos realizado un salpicón al estilo cervantino, del que posiblemente se sustentaba Alonso Quijano: "quiso ponerse nombre a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don Quijote. [...] Quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de su patria y llamarse «don Quijote de la Mancha», con que a su parecer declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba”.

Ingredientes:

Carne de la olla
Cebolla picada
Pimienta
Perejil
Vinagre

Modo de hacerlo:
Despizcamos toda la carne que nos ha sobrado de la olla podrida.
Añadimos cebolla picada, pimienta, perejil y vinagre.
Puede tenerse macerando un tiempo y se sirve frío.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Tarta de fondant para San Valentín

Nuestra amiga Mary Lozano nos remite una tarta especial para el día de San Valentín. Mary está casada con Pepe y, éste último, regenta el Bar San León, en la carretera de Alcañiz, de Teruel. Mary, te agradecemos tus sugerencias.

Ingredientes para el bizcocho:

140 gramos de harina
140 gramos de mantequilla
125 gramos de azúcar
2 huevos
Medio sobre de levadura Royal
Medio vaso de zumo de naranja natural

Ingredientes para el relleno:

Media taza de azúcar glass
Media taza de Nutella
2 cucharadas de mantequilla a temperatura ambiente
Media cucharadita de extracto de vainilla
Una pizca de sal
Media taza de nata líquida

Ingredientes para cubrir la tarta:

200 gramos de fondant blanco
600 gramos de fondant rojo

Modo de hacerlo:
Bizcocho:
Deja la mantequilla a temperatura ambiente para que se ablande. Colócala en un cuenco junto con el azúcar y bátela hasta que quede cremosa. Agrega los huevos de uno en uno (no añadir el segundo hasta incorporar bien el primero).
Añade el zumo de naranja y remueve, después agrega la harina junto con la levadura tamizada y mezcla bien.
Unta un molde en forma de corazón de unos 18 centímetros con mantequilla y enharínalo, posteriormente vierte la masa en el molde, y lo metes en el horno que previamente habrás precalentado a 180º, 40 minutos aproximadamente. Para comprobar que está hecho se mete en el centro del bizcocho la punta de un cuchillo, si sale seca se puede retirar. Dejar que se enfríe.
Preparacion del relleno:
Mezclamos en un bol con las varillas el azúcar con la Nutella. Añadimos la mantequilla, la vainilla y la sal. Por último vamos añadiendo la nata hasta que la mezcla esté ligera y suave. Deja refrigerar un ratito para que coja consistencia.
Cortar la tarta por la mitad y rellenar con la crema de Nutella. Reservar.
Reserva un poco de fondant rojo para hacer los corazones pequeñitos del lazo. Y estiramos el otro con un rodillo, lo dejas fino y uniforme. Cubres la tarta y recortas el sobrante, siempre dejando un poco para meter por debajo de la tarta. Con el que has reservado lo estiras igualmente con el rodillo y con un cortapastas de corazones pequeñitos se van cortando unos 26-28 corazones y se reservan.
Para hacer el lazo estiramos el fondant blanco. Cortas dos tiras de unos 4 centímetros de ancho y 12 centímetros de largo. Cortamos en diagonal por abajo las tiras un poquito. El extremo de arriba del lazo lo juntamos con los dedos para que dé la sensación de rizado, seguidamente pegamos unos cuatro corazones a cada tira mojándolos un poquito en agua y lo ponemos en la tarta haciendo alguna onda para que quede más realista y dé la sensación de que es tela. Cortas otra tira de unos 5 centímetros de ancho por unos 24 centímetros de largo, cogemos los extremos y los juntamos también para que se rice y en el centro hacemos la misma maniobra, colocamos los corazones por los dos lados y llevamos los dos extremos al centro, colocándolo encima de las tiras de la tarta. Para que quede el lazo hueco en cada lazada metes un trozo de folio enrollado hasta que el fondant se seque. Estiras otra vez el fondant blanco y  recortas y recortas una tira para tapar el centro del lazo. Colocas dos o tres corazones más en el centro y recortas las letras y las pones en la parte de arriba de la tarta.
ACLARACION: El fondant se compra en tiendas especializadas en repostería.

martes, 5 de febrero de 2013

Carajitos del Profesor de Salas

En la ciudad asturiana de Salas se encuentra la empresa “Carajitos del Profesor”. En 1918 se abren las puertas de un restaurante café dirigido por Pepín el profesor, pues así era apodado por los convecinos al ser profesor de música. Carmina, hija de Pepín, comienza a elaborar, unos años más tarde, unas pastas de avellana que sirve a sus clientes habituales. Se cuenta que uno de ellos, recién regresado de un viaje a las Américas, pide las pastas de una peculiar manera: “¡Dame un carajo de ésos!”. De ahí proviene la palabra carajitos, que luego va a dar nombre al negocio. En 1976 se patenta el nombre de Carajitos del profesor.
Es interesante anotar que el vocablo “carajo” aparece por primera vez en la edición del Diccionario de la Real Academia de 1983, habiendo sido citado con anterioridad por Camilo José Cela, en su obra “La familia del héroe” ("... la confitería El Bombón Helvético (pastas-pasteles-huesos de santo-rosquillas-carajitos-caramelos...)". “La familia del héroe o Discurso histórico de los últimos restos. (Ejercicios para una sola mano)” es editada por Alfaguara en Madrid en 1965.
En el Vocabulario Secreto que se encuentra en la obra “Cachondeos, escarceos y otros meneos” define al carajito como diminutivo de “carajo”, en metáfora formal y funcional, así como confite de almendra o avellana, yema de huevo y azúcar. Don Camilo amplía la definición en su “Diccionario Secreto”: “Carajito. Dim. de carajo; en mente formal el carajito semeja un carajo y ambos son de cumplida dureza.” Cela se llevó, en una visita a Salas, como souvenir, unos Carajitos.
La voz “carajo” es empleada habitualmente en países latinoamericanos para referirse a un niño.
Aunque la empresa Carajitos del Profesor guarda la fórmula de los carajitos con celo, María Luisa García, en su libro “Platos típicos de Asturias”, nos ofrece la siguiente: “Ingredientes: veinte cucharadas de avellana molida. Cuatro cucharadas de azúcar. Una clara de huevo (aproximadamente). Preparación: La avellana debe estar muy fina; se le agrega el azúcar y se mezcla; a continuación se va agregando poco a poco la clara hasta conseguir una masa; ésta no debe estar ni demasiado blanda ni demasiado seca. Algunas veces la clara no es necesario ponerla toda y en cambio otras hay que poner una segunda clara. Esto depende del tamaño de los huevos. Conseguida la masa, se engrasa un papel blanco con mantequilla, se forman bolas pequeñas y se colocan sobre éste separadas unas de otras. Se meten a horno fuerte, hasta que empiecen a dorarse, solamente unos minutos”.
Hemos observado diversas recetas en la Red, siendo diferentes en cuanto a la cantidad de los ingredientes. En mi caso me he decantado, la segunda vez que lo he intentado, por la siguiente receta:

Ingredientes:

200 gramos de avellana o nuez molida
200 gramos de azúcar
1 clara de huevo

Modo de hacerlos:
Se muelen las avellanas.
En un bol se echan las avellanas y el azúcar y se va añadiendo la clara de huevo (un poco batida) hasta formar una pasta no demasiado espesa.
Se hacen bolas con la misma que se colocan sobre papel vegetal.
Se introduce al horno a 180 grados centígrados y se deja hornear alrededor de veinte minutos (cuando comiencen a tostarse por fuera, se sacan).

domingo, 13 de enero de 2013

Conejo con salsa de hígado al estilo de Teruel

Ingredientes:

Conejo, con su hígado
Ajos
Perejil
Aceite de oliva del Bajo Aragón
Sal al gusto

Modo de hacerlo:
En una sartén al fuego con aceite de oliva del Bajo Aragón freír bien el hígado del conejo.
Retirar el hígado de la sartén y colocarlo, cortándolo en trozos, en un mortero, junto con los ajos y el perejil. Picar todo el conjunto y reservar.
Cortar el conejo en trozos, salarlo al gusto y freírlo. El aceite no debe estar rusiente, sino que la fritura ha de hacerse poco a poco.
Cuando el conejo está casi hecho, añadir la salsa del mortero, mezclar la fritura dando vueltas para que liguen los ingredientes.

viernes, 11 de enero de 2013

Olla podrida

Siguiendo con nuestro estudio en torno a la cocina de la época denominada Siglo de Oro en España, hoy os presento la olla podrida. Es citada en varias obras literarias de esta época y tanto pícaros como hidalgos, pobres y ricos, siervos y reyes la toman, eso sí, cada uno según sus pertenencias y peculiaridades domésticas y alimentarias.
Nos cuenta Covarrubias que la olla podrida es “la que es muy grande y contiene en sí varias cosas, como carnero, vaca, gallinas, capones, longaniza, pies de puerco, ajos, cebollas, etc. Púdose decir podrida en cuanto se cuece muy despacio, que casi lo que tiene dentro viene a deshacerse, y por esta razón se pudo decir podrida, como la fruta que se madura demasiado; pero aquello podrido es lo que da el gusto y punto. Andreas Bacio, médico romano, en el libro que hizo De natura vinorum, dice que olla podrida es lo mismo que poderida, conviene a saber poderosa, por ser tan grande y contener tan varias cosas. Algo retira a esta olla la de Vitelio, de que hace mención Suetonio Tranquilo, que era una grande patina a la cual puso por nombre, por menosprecio de la virtud, clipeum Minervae. Por translación se dice olla podrida de la junta de personas o de cosas diferentes unas de otras.”
La receta que propongo es la que supongo que tomaba Alonso Quijano, y con él, otros hidalgos no muy atinados económicamente pero con restos de sus escasos descubrimientos en las tinajas repletas de matanzas de animales de sus cuadras y corrales, además de verduras apropiadas al espacio en que vivía nuestro protagonista. En las tierras medias de España se añaden garbanzos y, en las más norteñas, sus exquisitas judías.

Ingredientes:

Morcillo de ternera
Partes menos nobles del cordero
Oreja, morro y una pata de gorrino
2 chorizos
2 morcillas
Cebolla
Zanahoria
Puerro
Garbanzos o judías blancas
Agua
Sal al gusto

Modo de hacerlo:

Los garbanzos se ponen a remojo el día anterior a la preparación del guiso.
Se colocan en una olla todos los ingredientes menos las morcillas y los chorizos. Se cubren de agua y se coloca la olla al fuego.
Cuando comience a hervir se añade un vaso de agua fría (por engañar los garbanzos o, en su caso, las judías).
Se deja cocer a fuego lento de dos horas y media a tres horas.
Media hora antes de apartar la olla del fuego se añaden las morcillas y los chorizos.
Se sirve el caldo primero y luego las carnes y las verduras.
Con lo sobrante de las carnes prepararemos, otro día, el salpicón.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Coquitos

Ingredientes:

175 gramos de coco rallado
200 gramos de azúcar
2 huevos

Modo de hacerlo:
Batir en un bol los huevos con el azúcar.
Agregar el coco y amasar hasta que la masa esté consistente.
Dejar reposar la masa una media hora.
Hacer bolicas y ponerlas en los moldes, colocar éstos en el horno a una temperatura de 180 grados y hornear entre 10 y 12 minutos.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Duelos y quebrantos

“Güevos y torreznos, la merced de Dios”. Lo dice Covarrubias en su obra “Tesoro de la lengua castellana o española”, en 1611, y se explica: “en las casas proveídas y concertadas, de ordinario tienen provisión de tocino, y si crían sus gallinas, también hay güevos; si viene a deshora el huésped y no hay qué comer, el señor de casa dice a su mujer: «¿Qué daremos a cenar a nuestro huésped, que no tenemos qué?» y aflígese mucho. La mujer le responde: «Callad, marido, que no faltará la merced de Dios»; y va al gallinero y trae sus güevos y corta una lonja de tocino, y fríelo con los güevos, y dale a cenar una buena tortilla, con que se satisface. Y de allí quedó llamar a los güevos y torreznos la merced de Dios; y cuando esto no hubiera, tampoco faltara, que el Señor proveyera de otra cosa, como provee a los pajaritos del campo, que no son de tanta consideración como el hombre criado a imagen suya.”
Plato popular de Castilla-La Mancha que suele servirse en cazuela de barro. Los ingredientes que contiene en la actualidad son huevos, chorizo, jamón y tocino, pero en la cita del Diccionario de Autoridades de 1732 se describe el plato como el que “llaman en la Mancha a la tortilla de huevos y sesos”. Hasta 1817 el Diccionario de la Real Academia no cambia la acepción. En esta edición podemos leer que los duelos y quebrantos son: “la olla que de los huesos quebrantados y de los extremos de las reses que se morían o se desgraciaban entre semana se hacía en algunos lugares de la Mancha y en otras partes para comerla los sábados cuando en los reinos de Castilla no se permitía comer en tales días las demás partes de ellas ni grosura, cuya costumbre derogó Benedicto XIV el año de 1748” (La grosura, definida en 1780, es la grasa y manteca de los animales, y también las extremidades e intestinos; como cabeza, pies, manos y asadura) Hasta 1899 no vuelve a modificarse la definición. En esta edición leemos: “Despojos de aves y cerdo que era lícito comer en los reinos de Castilla los sábados cuando en estos días se guardaba aún abstinencia de carne”. En 1925 encontramos una nueva definición: “Fritada hecha con huevos y grosura de animales, especialmente torreznos o sesos, manjares compatibles con la semiabstinencia que por precepto eclesiástico se guardaba los sábados en los reinos de Castilla”.
El la edición de Diccionario de 1950 la definición es más ajustada (en cuanto a tamaño): “Fritada hecha con huevos y grosura de animales”, retomándose la definición más ampliada de 1925 en la edición de 1956.
Remontándonos a los tiempos de Enrique IV y de los Reyes Católicos encontramos a Antón de Montoro, conocido con el apodo del Ropero, poeta festivo y burlesco (nacido alrededor de 1404, centrada su existencia en el reino de Córdoba, y muerto en 1480), que, siendo judío converso abrazó el cristianismo y en el año 1474 dedica un escrito a la Reina Católica:
 
“(…) Nunca juré al Criador, / fize el Credo, e adorar; / ollas de tocino grueso, / torreznos a medio asar, / oír misas e rezar, / sanctiguar e persinar, / e nunca pude matar / este rastro de confeso...”
 
En este escrito podemos vislumbrar lo que indica Américo Castro “Desde el punto de vista cristiano nuevo, comer tocino era motivo de duelos y quebrantos”. (“Cervantes y los casticismos españoles”, Madrid, Alfaguara, 1966). Sobre esta cita podemos suponer que el “quebranto” viene de violar el ayuno sobre las carnes de cerdo, tanto en la religión judía como en la islámica, lo que conlleva un posterior duelo por haber quebrantado la norma. Según Covarrubias todo cristiano viejo tiene siempre provisión de huevos y tocino.
Una explicación lógica la ofrecen Michel, R. J. y López Sancho, L. en “ABC de Civilización Hispánica”, obra publicada en París por la editorial Bordas en 1967: “A consecuencia de la victoria de las Navas de Tolosa (1212), fue hecho voto de no comer carne los sábados en España. Andando el tiempo, porque “todo se corrompe” y también por conveniencias económicas, entró el uso de comer los despojos de los animales terrestres conocidos por el nombre de “menudos” o “grosura” como son cuellos, manos y pies de las aves, cabezas de carnero (con sus sesos), o asaduras e incluso los huevos fritos con torreznos. A todo este pobre manjar se le aplicó el calificativo de penas y miserias o más bien su equivalente de duelos y quebrantos. Ésa es por lo menos la conclusión lógica que se puede sacar de la mucha tinta derramada para explicar esta expresión de la primera página del Quijote. Es de notar que la tortilla con torreznos fritos se llama vulgarmente: la merced de Dios.” (p. 129)
Volviendo al Ropero de Córdoba, Antón de Montoro, Juan Goytisolo encuentra en un texto suyo la explicación de la expresión “duelos y quebrantos”: “Vno de los verdaderos, / Del señor rey fuerte muro, / An dado los carniçeros / Causa de herme perjuro. / Non hallando, por mis duelos, / Con que mi hambre matar, / Anme hecho quebrantar / La jura de mis agüelos.” Se trata de un verso que el Ropero remite al corregidor de Córdoba, quejándose de que en las carnicerías sólo encuentra carne de cerdo.
Alonso Quijano (don Quijote), cristiano viejo, come, los sábados, duelos y quebrantos: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.” (Primera parte de Don Quijote, Capítulo I, 1605). Aquí observamos cómo Cervantes homenajea la atormentada ironía del Ropero.
Otros autores del Siglo de Oro nombran este plato: Gregorio González en El Guitón Onofre (1606) “… aderezó su comida con un poco de tocino y huevos, que entre religiosos llaman la merced de Dios. Comió y fuésele pasando la cólera; que los duelos con pan son buenos. De esta suerte pasé aquel día.”; Lope de Vega en Las bizarrías de Belisa (1637), dentro de La vega del Parnaso: “Almorzábamos unos torreznos / con sus duelos y quebrantos (...)”; en la obra atribuida a Calderón de la Barca, Mojiganga del pésame de la viuda (1670): “Para una viuda cuitada / triste, mísera viuda, / huevos y torreznos bastan / que son duelos y quebrantos”
Teniendo en cuenta las definiciones más antiguas y los textos citados podemos sospechar que los ingredientes principales del plato eran los huevos, el tocino, los sesos y asaduras (las asaduras eran las entrañas del animal porque, recién muerto este, “se echaban en las brasas, y se asaban sus partes internas”, como consta en el Diccionario de la Academia de Autoridades de 1770). El chorizo y el jamón, así como la chistorra o la panceta, deben de ser alimentos introducidos más adelante. Es de entrever que los huevos revueltos con menudillos o sesos de algún animal no quebrantan el ayuno, por lo que no se rompe la abstinencia de carne noble que se observaba los sábados en los reinos de Castilla. Los huevos con torreznos (pedazos de tocino cortado fritos y, en su caso, acompañados por sesos) deben de ser el alimento al que se refiere Cervantes en su obra.

Hoy es sábado, y como cristianos viejos que nos consideramos, hemos decidido comer como Alonso Quijano.
 
Ingredientes:
 
Aceite de oliva del Bajo Aragón (lo he cambiado por la manteca de cerdo)
Tocino entreverado
Sesos de cordero
Huevos
 
Modo de hacerlo:
Se cuecen los sesos de cordero, se escurren y se reservan.
Se coloca una sartén al fuego con aceite de oliva del Bajo Aragón, el fuego no debe de ser muy fuerte.
Se añade al aceite el tocino cortado en trozos finos.
Una vez que veamos que el tocino está frito añadimos los sesos de cordero.
Cuando el conjunto se mezcla, añadimos los huevos, esclafándolos.
Revolvemos hasta que el plato esté consistente.
Esta es la receta original, por cierto, deliciosa.

A mi hijo se la he preparado de otra forma, más vistosa.
He retirado la mitad de la sartén (tocino y sesos) y he cascado dos huevos. Uno de ellos lo he añadido a la sartén y con el otro he separado la yema de la clara, añadiendo la clara a la sartén. La yema restante la he colocado encima del conjunto y la he dejado cocer con el mismo. Ha dicho que estaba delicioso. Acompañada de chuletas de cabrito.